No me feliciten 


El Día Internacional o Nacional de la Mujer es una fecha tan ideal como el Día de la Madre para comprobar cuán enraizados están los estereotipos y roles de género en nuestra sociedad.
Lo triste es que, en medio de tanta indignación por las fatales consecuencias del machismo en Bolivia, seamos aún incapaces de diferenciar la celebración mercantilizada y banalizada de un “ser mujer” en esta fecha, del sentido original con que fue instaurada.
La presidenta Lidia Gueiler instituyó el 11 de octubre para reconocer la vida y obra de Adela Zamudio, una mujer autodidacta que fue capaz de superar los obstáculos y prejuicios de su época y de su clase, para abrazar la poesía y la literatura, espacios desde los cuales su espíritu sensible cuestionó la estructura patriarcal que condenaba a las mujeres a no aspirar a más que casarse y tener hijos, es decir a ser esposas y ser madres.
Y qué ironía, 37 años después, que precisamente en esta fecha, desde primeras horas del día, recibamos felicitaciones por ser mujer, madre, hija, ser vida, inspiración, fragilidad, protección, ejemplo de abnegación y sacrificio…
En esta fecha, simplemente no acepto felicitaciones por el hecho fortuito de haber nacido biológicamente hembra, y menos que me reclamen por no estar contenta y agradecida por el asueto o por quejarme de la retahíla de adjetivos que me lanzan como dardos y que caen en el vacío recordándome todo lo que no soy y se supone que deba ser para encajar en la “normalidad” de este sistema patriarcal.
“No se nace mujer: se llega a serlo”, afirmaba S. de Beauvoir. En Bolivia, el 11 de octubre se ha banalizado, transformándose en el día en que el machismo, de forma sutil y benevolente, nos da empujoncitos y refuerzos positivos para amoldarnos a los roles y funciones que se impone a una-buena-mujer. Y, claro, en su afirmación se marginaliza todas las demás posibilidades de realización que como seres humanos tenemos. Mientras que el no ser madres, no ser esposas, no ser hacendosas ni abnegadas o el no saber y además tampoco querer aprender a cocinar estén fuera de la posibilidad de celebrarse como una elección del ser -varón o mujer, no importa- no me feliciten.

Publicado el 13/10/2017 en: http://www.opinion.com.bo/movil/index.php?id=233055

Anuncios

18 abogados y un perro

 

22089626_867337170102283_6489339077425541162_nHoy, 28 de septiembre, Día Internacional por la Despenalización del Aborto en América Latina y El Caribe, 18 abogados, un perro, una madre y un niño coparon las noticias a nivel nacional e internacional.

Hace años escuché a un amigo periodista decir que no es noticia que un perro muerda a un hombre; pero sí lo es que un hombre muerda a un perro. Y más o menos así es la historia de Pantuque.

Lo insólito acá no es, obviamente, que el perro mordiera al niño y a la madre de este que acudió a protegerlo. No nos confundamos, tampoco es foco de atención la decisión judicial de sacrificarlo frente a la responsabilidad de los propietarios ni la defensa, que considero muy legítima, de la vida de este. Lo verdaderamente extraordinario es que este cuente con 18 profesionales comprometidos y dispuestos a luchar por salvarle la vida, y es esto lo que se destaca en todos los medios nacionales e internacionales a los que ha llegado la inusitada historia.

Sin ir lejos, lectoras y lectores, entre los principales problemas en el sector salud en Bolivia se encuentra la mortalidad materna, el embarazo adolescente y el aborto. Estimándose que se practican 186 abortos ilegalmente cada día, y que la mitad de los casos que llegan a los hospitales como abortos incompletos son provocados. Eso no es noticia. Y tampoco tenemos 18 profesionales preocupados por defender esas causas, esas vidas… ¿Ve la diferencia?

Así que le pongo este otro dato. Cada tres días se comete un feminicidio y sabemos que cotidianamente cientos de niños, niñas y mujeres son víctimas de violencia. Tal vez por lo frecuente, esto ya ha dejado de ser noticia, aunque los medios nos informen todavía de ello. En todo caso, coincidirán conmigo en que ya se nos ha hecho tan cotidiano, como que un perro muerda a un hombre.

Reitero que no estoy en contra de la defensa de Pantuque, pero no puedo dejar de desear que un día, ojalá, la vida de cualquiera de nuestros semejantes valga tanto para nosotros como la del animalito.

¿Qué debe pasar para que salgamos de la inercia? ¿Qué estamos haciendo mal?

El silencio del CIES 


Hace unas semanas atrás en la ciudad de La Paz se denunció a un ginecólogo del CIES Salud Sexual y Reproductiva por filmar a una paciente que había acudido a consulta para la implantación de un dispositivo intrauterino. 

La paciente se percató de la presencia de un aparato celular en el bolsillo de una chamarra en el cuarto donde se cambiaba de ropa después de la consulta y al aproximarse vio que la cámara estaba activada y filmando. Su reacción fue rápida, probablemente muchas de nosotras no sabríamos qué hacer en ese momento, pero ella valientemente decidió tomar el teléfono, salió rápidamente de la sala antes de que él médico se percatara y se dirigió hacia la dirección del centro, donde fue alcanzada por el galeno que le rogaba “arreglar” las cosas. Ante la presencia del médico, ella se decidió a interrumpir la reunión que sostenía el director con el celular todavía filmando para hacer conocer del hecho. 
Al poco tiempo llegó la Policía y el Ministerio Público se hizo cargo de presentar una denuncia formal contra el ginecólogo; sin embargo, éste logró medidas sustitutivas pagando una fianza de 8000 bolivianos. Lo que pasa con la administración de justicia en nuestro país ya no me sorprende; pero sí me sorprende el silencio del CIES. 
El CIES es una red nacional de servicios de salud que en más de 25 años de trabajo ha demostrado un claro compromiso de género y generacional y a cuyos establecimientos acuden miles de mujeres en todo el país por la confianza y prestigio construidos en este tiempo. Toda esta ardua labor está siendo echada por la borda desde el momento en que el CIES se limita a destituir al galeno y adoptar un protocolo y exámenes para prevenir estos hechos a futuro; pero falta a su responsabilidad institucional fundamental y a la confianza que hemos depositado, pues hasta la fecha no ha iniciado un proceso ante el tribunal de ética del Colegio Médico para la suspensión definitiva de este profesional ni se ha constituido en parte en la investigación. 
Solo tenemos de ustedes, compañeras y compañeros del CIES, las bochornosas declaraciones del gerente Jhonny López, que en un claro intento por minimizar la denuncia en flagrancia, informa a los medios de comunicación que se ha determinado retirar al ginecólogo porque “más allá de cualquier sospecha hay desconfianza de la gente”, la desconfianza de la gente, de nosotras crecerá si no buscan la investigación y sanción de este triste y vergonzoso episodio, del cual no son culpables pero lo serán por encubrimiento si continúan con la política del silencio y la omisión.

Publicado el 1/09/2017 en: http://www.opinion.com.bo/movil/index.php?id=229193 

Sama y el Tipnis

El incendio de la reserva de Sama arrebató la vida de tres personas, consumió aproximadamente 11.000 hectáreas de bosques y ocasionó tal pérdida de vida silvestre que la zona afectada requerirá al menos 10 años para recuperarse.

Entre los primeros efectos que se sufren están la contaminación del aire y fuentes de agua por la ceniza, la muerte de animales por la pérdida de forraje y pastizales y finalmente la disminución de zonas de cultivo afectadas por el incendio que tendrá un impacto a mediano plazo en las frágiles economías familiares de la región.

La reacción de las autoridades nacionales fue tardía y se evidenció una vez más que nuestras instituciones no están preparadas para atender este tipo de emergencias. Sin embargo, el incendio despertó la conciencia y solidaridad general que se materializó en la movilización de bomberos y voluntarios desde todo el país logrando sofocar el incendio en cinco días.

Mientras nuestros ojos estaban puestos en Tarija, como todos los años en época seca se registraron cientos de focos de calor e incendios en Bolivia principalmente en los departamentos de Santa Cruz y Beni, ocasionados por las altas temperaturas y la deforestación para habilitar tierras agrícolas. Según estimaciones de la fundación Solón, sobre la base de informes oficiales, cada dos minutos se deforesta un equivalente a una cancha de fútbol de 7.140 m2.

Lo irónico es que mientras esto sucedía en Tarija, en la Sede de Gobierno se discutía la aprobación de la ley que a nombre de progreso y desarrollo de los pueblos indígenas levantaba la intangibilidad del Tipnis -un territorio de 10.920 Km2, equivalente a más de 1.200.000 hectáreas- para viabilizar el proyecto carretero que el Gobierno está empecinado en ejecutar y que se vio frenado por la VIII marcha indígena el 2011.

La construcción de la carretera a través del corazón del Tipnis supone la tala de 500.000 árboles y ocasionará entre otros daños la pérdida progresiva de la superficie forestal de la zona.

En este triste contexto se anuncia y casi se celebra la detención de una señora de 50 años de la comunidad de Erquiz Ceibal como supuesta responsable del incendio. Como siempre, el Gobierno no asume su responsabilidad y la cuerda se rompe por la parte más delgada.

Publicado el 18/08/2017 en:  http://opinion.com.bo/opinion/articulos/2017/0818/noticias.php?id=227751

De buen corazón 

img_7910

Hace años que no escuchaba a alguien referirse de otro como una persona de buen corazón —quizás es que no voy seguido a misa, pensé—. Esas palabras suelen revestir las ceremonias religiosas e ilustrar textos dedicados a una caridad que no pocas veces disfraza la autocomplacencia.
Pero sé que cuando Javier lo dijo, refiriéndose a un amigo, no lo hacía en esos términos, sino que emergían como eco de la memoria y traían lugares, personas y circunstancias que todos juzgaríamos nada extraordinarias, sino todo lo contrario. Por eso, los gestos de las personas de buen corazón suelen aparecer en medio de lo cotidiano, aparentando ser algo natural o hasta ordinario. Pero, si desnaturalizamos la mirada, desarrollaremos la sensibilidad para apreciarlos y nos sorprenderemos cada día. En resumen, para valorar una persona de buen corazón, hay que transformarnos en una.
¿Cómo hacerlo? Necesitamos dejar de encumbrar falsos valores. Hoy en día hemos trastocado los mismos a tal punto que apreciamos más a las personas por sus posesiones materiales, sus títulos o el capital social que su amistad nos pueda redituar, más que por su bondad, nobleza u honestidad que, al final, podrían contribuir a hacernos una mejor versión de nosotros mismos.
Intento explicarme cómo hemos pasado del tiempo en el que la palabra y el honor tenían más valor que la vida a un tiempo en el que esta no vale nada. Quizás la modernidad tiene la culpa con todo eso del ensalzamiento de la razón y la verdad, que nos ha hecho cada vez más temerosos, y pretendemos desterrar la incertidumbre a través de la ciencia —que hemos consagrado omnipotente—. Aplacamos el vacío existencial con hedonismo y acumulación, evitamos la decepción renunciando a la inocencia y refugiándonos en la fría coartada del cinismo. ¿Cómo se puede vivir así? Sencillamente, creo que no se puede.
Por ello, tampoco debería asombrarnos contemplar el muladar de violencia y miseria humana a la que nuestro tan selecto sistema de valores nos arroja. Nuestra sociedad y este mundo reclaman personas de buen corazón, y no autoridades o ciudadanos que se creen benevolentes tan solo por cumplir a desgano con cualquier obligación. Más allá del deber está la virtud que anhelamos, y ojalá nos conduzca a aspirar tan solo a ser recordados por alguien como personas de buen de corazón.

Publicado el 4/08/2017 en: http://www.opinion.com.bo/movil/index.php?id=226602

Rebelión en la granja

Era el 22 de enero de 2006 y, mientras tomábamos un café con Adolfo Gilly y algunos compañeros e invitados a la posesión de Evo Morales, surgió la discusión sobre el futuro del presidente y de la revolución boliviana.
Casi naturalmente al entusiasmo y optimismo iniciales —aunque sin opacarlos— se impuso en breve el peso de los años y la experiencia de aquellos con quienes compartía la mesa. Si bien participaban del ánimo festivo de tener un Presidente y un Gobierno que prometía gobernar para los indígenas, eran conscientes y algunos testigos de los avatares y tentaciones que acechan desde el poder.
Adolfo escribió un libro titulado “La revolución interrumpida”, que analiza y desmitifica la historia de la revolución mexicana de 1910-1920, reivindicando su surgimiento desde abajo, es decir desde el pueblo, sin planes ni lideres visibles y sin contar con el respaldo del poder político organizado y menos de sus instituciones. Pero también muestra la otra cara de esa historia, la de las miserias humanas del día a día de la lucha, el intento de la construcción de algo nuevo y la usurpación de esos anhelos por quienes no fueron ni grandes hombres ni estuvieron inspirados por grandes ideales y cuyo mérito fue saber hacerse del poder y reproducirse en él.
La historia de Adolfo no solo es la historia de la revolución mexicana, sino la historia de los de abajo desplazados por el poder y las desventuras ocultas bajo el manto de una historia oficial construida más para legitimar que para rescatar la memoria y proyectar el porvenir. De este modo se puede entender esa constante de las revoluciones traicionadas que tiende a la repetición. Uno a uno, aquella tarde los ejemplos se fueron sumando.
Un amigo de humor bastante ácido sugirió que el 23 de enero debía repartirse junto a las ediciones de los periódicos una copia popular de “Rebelión en la granja” de George Orwell, para prepararnos para lo que venía. Aunque vislumbrar aquello como posible en Bolivia me fue difícil, hoy estoy convencida de que esos ejemplares son fundamentales para entender el papel de los cerdos en la rebelión y la defensa de la granja, así como para reconocer en los principios animalistas y las conspiraciones el libreto de quienes nos gobiernan.

Publicado el 21/07/2017 en: http://www.opinion.com.bo/movil/index.php?id=225283

Enjuiciar a Solon 

Obra parte de la colección el Quijote y los perros de Walter Solon

Desde Cancillería, Pablo Solon fue pieza clave en la definición de algunos de los temas más relevantes de la política exterior boliviana en los últimos años, haciendo de nuestro país un referente internacional, a tal punto que el presidente Evo Morales fue declarado por el Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas nada más y nada menos que “Defensor Mundial de la Madre Tierra”.
Por un tiempo, el cambio climático, los derechos de la Madre Tierra, el derecho humano de acceso al agua y los derechos de los pueblos indígenas fueron lo suficientemente importantes como para contener o hacer retroceder a las fuerzas desarrollistas y los sectores más pragmáticos del MAS. Esto dejó a muchos mal parados, y naturalmente a Pablo con más enemigos que amigos al interior. Primera culpa.

El alejamiento de Pablo del Gobierno marcó la inflexión de este último a favor de una política desarrollista de corto plazo y concentrada en la explotación de combustibles fósiles. Así también, las relaciones con las organizaciones sociales, activistas e intelectuales más representativos de la izquierda a nivel mundial que apoyaron a Bolivia y Evo se han debilitado, y varios, incapaces de autocrítica, responsabilizan a Solon. Segunda culpa.
La mención de la Madre Tierra, los derechos de los pueblos indígenas, el Vivir Bien y el derecho humano al agua quedan en el discurso oficial como triste ironía frente a la carretera por el Tipnis, la exploración petrolera en Tariquía, las megahidroeléctricas (El Bala y El Chepete), etc. Por esos motivos es que, desde la renuncia de Pablo, algunos “paladines” oficiales, de esos que acostumbran ganar condescendencias del poder tirando la piedra y escondiendo la mano, han estado buscando motivos para “castigarlo” primero, amedrentarlo y callarlo después, ya que no se puede disentir abiertamente y quedar impune.
Son ellos quienes desde el poder y su miseria hoy inventan un juicio sin pies ni cabeza, para acallar las denuncias de Pablo sobre la inviabilidad de las represas —mayor culpa—; para intimidar a cualquiera que piense seguir sus pasos. Pero, como dice Pablo: “Que a mí me lleven a la cárcel no hará rentables esas megahidroeléctricas”. Y, evidentemente, tampoco le devolverá al Gobierno ni al Presidente la coherencia perdida. Tan solo conseguirán hacer crecer nuestra convicción y nuestra causa.

Publicado el 7 de julio de 2017 en: http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2017/0707/noticias.php?id=223912